Incapaz de centrar su atención en los asuntos de
estado, Alejandro VII se volcó en la literatura y
la filosofía siendo
el autor de una colección de sus poemas en latín que
fue publicada, en 1656,
en París bajo
el título de Philomathi Labores Juveniles.
Fomentó asimismo la arquitectura y
el embellecimiento general de Roma, donde se derribaron casas para realizar un nuevo trazado
de las calles romanas, convirtiéndose además en un gran mecenas,
especialmente de Bernini, a quien encargó la construcción de la bella columnata
de la plaza de la Basílica de San Pedro y confió obras
como la ornamentación de la iglesia de Santa María del Popolo, la Scala Regia (1666),
o la Cátedra de San Pedro en la basílica Vaticana entre otras.
Bernini fue el encargado, asimismo, de esculpir el sepulcro del papa a su
muerte.
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