jueves, 15 de enero de 2015

Durante su pontificado, Alejandro VII nombró a los siguientes cardenales:


Nombrados el 9 de abril de 1657
·         Flavio Chigi
·         Camillo Melzi
·         Giulio Rospigliosi (futuro papa Clemente IX)
·         Girolamo Buonvisi
·         Francesco Paolucci
·         Nicola Guidi di Bagno
·         Girolamo Farnese
·         Antonio Bichi
Nombrados el 29 de abril de 1658
·         Volumnio Bandinelli, nombrado in pectore
·         Giacomo Franzoni, nombrado in pectore
·         Odoardo Vecchiarelli, nombrado in pectore
Nombrados el 5 abril de 1660
·         Pascual de Aragón
·         Grégoire Barbarigo
·         Francesco Maria Mancini
·         Pietro Bidón
·         Franz Wilhelm von Wartenberg
Nombrados el 14 de enero de 1664
·         Girolamo Boncompagni
·         Carlo Bonelli
·         Celio Piccolomini
·         Carlo Carafa della Spina
·         Alfonso Micheel Litta
·         Neri Corsini
·         Giacomo Filippo Nini
·         Cesare Maria Antonio Rasponi
·         Giannicolò Conti
·         Angelo Celsi
·         Paolo Savelli
Nombrados el 15 de febrero de 1666
·         Giulio Spinola
·         Carlo Roberti de Vittori
·         Vitaliano Visconti
·         Innico Caracciolo
Nombrados el 7 de marzo de 1667
·         Giovanni Delfino
·         Guidobald von Thun
·         Luis II de Vendôme
·         Luis Guillermo de Moncada


Otras actuaciones

En otras decisiones prohibió la traducción del Misal romano al francés en 1661. Durante su papado se produjo la conversión de la reina Cristina de Suecia, quien, tras su abdicación, se trasladó a Roma donde fue confirmada en su bautismo el día de Navidad de 1655 por el papa en quien encontró un amigo y benefactor generoso. Nombró un total de 38 cardenales.
Murió en 1667. Fue sepultado en un espectacular sepulcro realizado por Bernini en la Basílica de san Pedro.

Las profecías de San Malaquías se refieren a este papa como Montium custos (El guardián de los montes), cita que al parecer hace referencia a en su escudo de armas figuraba una estrella sobre unos montes.

Canonizaciones

3) San Tomás de Villanueva (1658).




Canonizaciones

2)  San Ramón Nonato (1657)




Canonizaciones

Durante su pontificado, Alejandro VII canonizó:


  1. San  Francisco de Sales (1665).



Jesuitas y Jansenistas

Declarado partidario de los jesuitas, cuando los venecianos solicitaron su ayuda en Creta para combatir a los turcos otomanos, Alejandro VII obtuvo a cambio la promesa de volver a permitir la entrada de los jesuitas en territorio veneciano, del que habían sido expulsados en 1606.
También se decantó por los jesuitas en su conflicto con los jansenitas, cuya condena ya apoyó ardientemente en su etapa como consejero de Inocencio X.
Los jansenistas franceses afirmaban que las proposiciones condenadas por Inocencio X en 1653 no podían encontrarse en el libro Agustinus, escrito por Cornelius Jansen, pero no solo no lograron que Alejandro VII levantara dicha condena, sino que fue confirmada mediante la publicación, el 16 de octubre de 1656, de la bula Ad Sanctam Beati Petri Sedem, en la que declaraba que cinco de las proposiciones de Jansen, en su mayoría aquellas concernientes a la gracia y a la naturaleza pecaminosa del hombre, eran heréticas, incluyendo la proposición "que Cristo murió, o derramó su sangre por todos los hombres".[cita requerida]

También envió a Francia su famoso "formulario", que había de ser firmado por todo el clero como manera de detectar y extirpar el jansenismo con lo que inflamó a la opinión pública.

Relación con España y Portugal

                                        











Al igual que su predecesor en el solio pontificio, Alejandro VII favoreció a los españoles en sus reclamaciones sobre Portugal, que había restablecido su independencia en 1640.

Relación con Francia

En política exterior sus instintos no fueron ni tan humanistas ni tuvieron resultados tan satisfactorios, viéndose su pontificado ensombrecido por la continua fricción con el Cardenal Mazarino, consejero de Luis XIV de Francia y regente durante su minoría de edad.
La enemistad entre Mazarino y Alejandro tenía su origen en las negociaciones que desembocaron en la Paz de Westfalia y que ambos vivieron desde posiciones enfrentadas. La hostilidad mutua se vio incrementada durante el cónclave que elegiría a Alejandro y en el que Mazarino no ocultó su oposición a su elección, aunque finalmente se vio obligado finalmente a aceptarlo como solución de compromiso, aunque impidió que Luis XIV le enviase la usual embajada de obediencia y pleitesía.
Posteriormente y, mientras duró su vida, frustró el nombramiento de un embajador francés en Roma, haciendo que los asuntos diplomáticos quedasen en manos de los cardenales, con frecuencia enemigos personales del Papa.
La muerte de Mazarino no supuso una distensión de las relaciones ya que aunque, en 1662, se nombró embajador al Duque de Crèqui este mantuvo una política igualmente hostil hacía Alejandro VII, provocando, debido a su abuso del tradicional derecho de asilo otorgado a los recintos de las embajadas en Roma, continuos conflictos con la Santa Sede que alcanzaron su punto culminante a raíz de un insignificante tropiezo entre la guardia corsa del papa y el servicio del duque.

Magnificado artificialmente provocó que Luis XIV tomara represalias tan desproporcionadas como despojar temporalmente a la Santa Sede de sus posesiones en Aviñón y amenazar con una fulminante declaración de guerra. El conflicto se solucionó cuando el pontífice, sufriendo una denigrante ofensa, firmó un incondicional tratado de paz (Pisa1664).

miércoles, 14 de enero de 2015

Impulsor de las artes

Incapaz de centrar su atención en los asuntos de estado, Alejandro VII se volcó en la literatura y la filosofía siendo el autor de una colección de sus poemas en latín que fue publicada, en 1656, en París bajo el título de Philomathi Labores Juveniles.

Fomentó asimismo la arquitectura y el embellecimiento general de Roma, donde se derribaron casas para realizar un nuevo trazado de las calles romanas, convirtiéndose además en un gran mecenas, especialmente de Bernini, a quien encargó la construcción de la bella columnata de la plaza de la Basílica de San Pedro y confió obras como la ornamentación de la iglesia de Santa María del Popolo, la Scala Regia (1666), o la Cátedra de San Pedro en la basílica Vaticana entre otras. Bernini fue el encargado, asimismo, de esculpir el sepulcro del papa a su muerte.

Nepotismo

Inicialmente contrario al nepotismo, durante su primer año de su papado prohibió a sus parientes incluso visitar Roma. Sin embargo, durante el consistorio del 2 de abril de 1656, anunció que su hermano y sus sobrinos acudirían a asistirle quedando a partir de entonces en manos de sus parientes la administración eclesiástica. Esta medida, que supuso un nuevo florecimiento del nepotismo, la complementó proporcionando a los miembros de su familia que residían en su ciudad natal los puestos civiles y eclesiásticos mejor pagados así como magníficos palacios y haciendas.

Papado

Al morir Inocencio, Chigi, el candidato preferido de España, fue elegido papa después de ochenta días de cónclave, el 7 de abril de 1655.

Carrera eclesiástica

Bajo el pontificado de Urbano VIII inició su carrera eclesiástica cuando en 1627 fue nombrado delegado papal en Ferrara y, tras ser recomendado por dos cardenales, se le nombró inquisidor de Malta y nuncio en Colonia (1639-1651).
Aunque debería haber participado en las negociaciones que condujeron en 1648 al Tratado de Westfalia, rechazó deliberar con herejes y protestó, una vez concluidas las negociaciones, contra el tratado, que puso fin a la Guerra de los Treinta Años y que inauguró un equilibrio de poder en Europa que habría de durar hasta las guerras de la Revolución francesa.
El papa Inocencio X le llamó a Roma nombrándole cardenal en 1652 y secretario de estado.

Orígenes y formación


Nacido como Fabio Chigi en el seno de una ilustre familia de banqueros era sobrino  del papa Paulo V. Debido a los ataques cerebro vasculares que sufría recibió una educación privada para posteriormente, tras superar su enfermedad, doctorarse en filosofía, derecho y teología en la Universidad de Siena.

Papa Alejandro VII

Fabio Chigi nació en Siena el 13 de febrero de 1599; fue elegido [Papa] el 7 de abril de 1655 y murió en Roma el 22 de mayo de 1667. Los Chigi de Siena estaban entre las familias italianas más ilustre y poderosas. En la Roma de la era del Renacimiento, un antepasado de Alejandro VII fue apodado como el "Magnífico". Flavio Chigi, padre del futuro Papa era sobrino del Papa Pablo V, le dio a su hijo una educación conveniente, aunque no tan floreciente como la que tuvo su antepasado. Esto también se debió mucho a su madre, una mujer de energía singular y habilidad en la formación del joven.
La juventud de Fabio estuvo marcada por una prolongada mala salud a consecuencia de un ataque de apoplejía de su infancia. Incapaz de asistir a la escuela, primero fue enseñado por su madre y más adelante por hábiles y capacitados tutores particulares, exhibiendo una notable precocidad y amor por la lectura. A los 27 años se doctoró en filosofía, derecho y teología por la Universidad de Siena, y en diciembre de 1626 comenzó su carrera eclesiástica en Roma. En 1627 Urbano VIII lo designó vicelegado de Ferrara, y sirvió cinco años a las órdenes de los cardenales Sacchetti y Pallotta, con cuyos elogios obtuvo el importante cargo de Inquisidor de Malta, junto con su consagración episcopal. En 1639 fue promovido a la nunciatura de Colonia; y en 1644 fue hecho enviado extraordinario de Inocencio X a la conferencia de Münster, donde enérgicamente defendió los intereses papales durante las negociaciones que condujeron a la paz de Westfalia en 1648. (Véase LA GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS.) Inocencio X lo llamó a Roma en 1651 para ser su Secretario de Estado y en febrero de 1652 lo hizo Cardenal.
En el conclave de 1655, que fue famoso por su duración de ochenta días, y por el conflicto de intereses partidistas y nacionales, el Cardenal Chigi fue elegido Papa por unanimidad. La elección fue considerada providencial. Era un tiempo donde a los clérigos eran forzados para entender las consecuencias deplorables, morales y financieras del nepotismo. Se necesitaba un Papa que gobernara sin la ayuda de sus parientes. Durante un año las esperanzas de la cristiandad parecían ser comprendidas. Alejandro prohibió a sus parientes que vinieran a Roma. Su propia santidad de vida, la severidad de las costumbres, y la aversión al lujo hizo más resplandecientes sus virtudes y talentos. Pero en el consistorio del 24 de abril de 1656, influenciado por quienes temían la debilidad de una corte papal insostenida judicialmente por lazos de interés familiar, se propuso traer a su hermano y sobrinos para asistirle. Su advenimiento transformó marcadamente la forma de vida del pontífice. La administración fue dejada en gran parte en manos de sus parientes, y los abusos de nepotismo volvieron a agobiar pesadamente como siempre al papado. Los esfuerzos de los Chigi por enriquecer a su familia fueron mirados por el Papa con demasiada indulgencia; aunque en su vida fue siempre piadoso y devoto, así se mantuvo alejado de tomar parte en los excesos de lujo-amor de sus sobrinos. Su estado de carga se aligeró y de esta manera pasó mucho tiempo en seguimientos literarios y en compañía de eruditos; pero a los amigos que favoreció eran a quienes podía haber confiado para sus posibles mejores consejeros.
El pontificado de Alejandro VII fue ensombrecido por las dificultades continuas con el joven y mal aconsejado Luis XIV de Francia, cuyos representantes fueron una fuente de constantes molestias al Papa. El primer ministro francés, Cardenal Mazarino, no había perdonado el legado que resueltamente se le opuso en las conferencias de Münster y Osnabrück, o al secretario de estado papal que resistió la actitud de su política anti-romana. Durante el cónclave había sido implacablemente hostil a Chigi, pero al final fue obligado a aceptar su elección como un compromiso. Sin embargo, evitó que Luis XIV enviara la usual embajada de obediencia a Alejandro VII y, mientras vivió, obstaculizó el nombramiento de un embajador francés ante Roma. Los asuntos diplomáticos eran llevados entretanto por cardenales protectores, generalmente enemigos personales del papa. En 1662 nombraron embajador al Duque de Crequi, igualmente hostil. Por su arbitrario abuso con el derecho tradicional de asilo concedido a los recintos diplomáticos de Roma, se inició una disputa entre Francia y el papado, que dieron lugar a la pérdida temporal del Papa de Aviñón y a la aceptación por la fuerza del humillante tratado de Pisa de 1664. (Véase LUIS XIV.) Animados por estos triunfos, los Jansenistas franceses, que reconocían a Alejandro como un viejo enemigo, se pusieron insolentemente aseverativos, declarando que las proposiciones condenadas en 1653 no se encontraban en el "Augustinus" de Cornelius Jansen. (Véase JANSENIUS.) Alejandro VII, como consejero de Inocencio X había defendido vigorosamente la condena, y la confirmó en 1665 por la Bula "Ad Sacram" declarando ser aplicada tanto a la obra antedicha de Jansen como al mismo significado dado por él; también envió a Francia su famoso "formulario", para ser firmado por todo el clero como medio de descubrir y extirpar el Jansenismo.
Su reinado ha sido memorable en los anales de la teología moral por la condenación de varias proposiciones erróneas. El Cardenal Hergenröther (Kirchengesch. III, 414) elogió su moderación en las acaloradas controversias dogmáticas de la época. Durante su reinado ocurrió la conversión de la reina Cristina de Suecia, quien después de su abdicación, vino a vivir a Roma, en donde el día de Navidad de 1655 la confirmó el Papa, en quien ella encontró a un generoso amigo y benefactor.

Ayudó a los Venecianos en combatir a los turcos que habían logrado establecerse en Creta, obteniendo a cambio la restauración de los Jesuitas, desterrados de Venecia desde el 1606. (Véase SARPI, VENECIA.) Las relaciones hostiles entre España y Portugal ocasionadas por la independencia de ésta última (1640) fueron una fuente de aflicciones graves para Alejandro, y para otros papas antes y después él. Alejandro VII hizo mucho por embellecer Roma. Las casas fueron niveladas para hacer las calles más rectas y las plazas más amplias, el Collegio romano, las decoraciones de la iglesia de Santa Maria del Popolo, que fue iglesia titular de más de uno de los cardenales Chigi, la Scala Regia, la cátedra de San Pedro en la Basílica Vaticana y la gran columnata delante del edificio, apuntan igualitariamente al genio de Bernini y de su munífico mecenas papal. También fue mecenas de la ciencia ya que modernizó la Universidad romana, conocida como Sapienza, y la enriqueció con una magnífica biblioteca. También hizo extensas adiciones a la Biblioteca Vaticana. Su tumba, de Bernini, es uno de los monumentos más hermosos de San Pedro.