viernes, 16 de enero de 2015
jueves, 15 de enero de 2015
Durante su pontificado, Alejandro VII nombró a los siguientes cardenales:
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Nombrados el 9 de abril de 1657
Nombrados el 29 de abril de
1658
Nombrados el 5 abril de 1660
·
Pascual de Aragón
·
Pietro Bidón
|
Nombrados el 14 de enero de
1664
·
Cesare Maria Antonio Rasponi
Nombrados el 15 de febrero de
1666
Nombrados el 7 de marzo de 1667
·
Luis II de Vendôme
·
Luis Guillermo de Moncada
|
Otras actuaciones
En otras decisiones prohibió la traducción
del Misal romano
al francés en 1661. Durante su
papado se produjo la conversión de la reina Cristina de Suecia, quien, tras su abdicación, se
trasladó a Roma donde fue
confirmada en su bautismo el día de Navidad de 1655 por el
papa en quien encontró un amigo y benefactor generoso. Nombró un total de 38
cardenales.
Murió en 1667. Fue sepultado
en un espectacular sepulcro realizado por Bernini en la Basílica de san Pedro.
Las profecías de San Malaquías se
refieren a este papa como Montium custos (El guardián de los
montes), cita que al parecer hace referencia a en su escudo de armas figuraba
una estrella sobre unos montes.
Jesuitas y Jansenistas
Declarado partidario de los jesuitas, cuando los
venecianos solicitaron su ayuda en Creta para
combatir a los turcos otomanos, Alejandro VII
obtuvo a cambio la promesa de volver a permitir la entrada de los jesuitas en
territorio veneciano, del que habían sido expulsados en 1606.
También se decantó por los jesuitas en su
conflicto con los jansenitas, cuya condena ya apoyó ardientemente en su etapa
como consejero de Inocencio X.
Los jansenistas franceses afirmaban que las
proposiciones condenadas por Inocencio X en 1653
no podían encontrarse en el libro Agustinus, escrito por Cornelius Jansen, pero no solo no lograron que
Alejandro VII levantara dicha condena, sino que fue confirmada mediante la
publicación, el 16 de octubre de 1656, de la bula Ad Sanctam Beati Petri Sedem, en la que
declaraba que cinco de las proposiciones de Jansen,
en su mayoría aquellas concernientes a la gracia y a la naturaleza pecaminosa
del hombre, eran heréticas, incluyendo la
proposición "que Cristo murió, o derramó su sangre por todos los
hombres".[cita requerida]
También envió a Francia su famoso
"formulario", que había de ser firmado por todo el clero como manera
de detectar y extirpar el jansenismo con lo
que inflamó a la opinión pública.
Relación con España y Portugal
Relación con Francia
En política exterior sus instintos no fueron ni tan
humanistas ni tuvieron resultados tan satisfactorios, viéndose su pontificado
ensombrecido por la continua fricción con el Cardenal Mazarino, consejero
de Luis XIV de
Francia y regente durante su minoría de edad.
La enemistad entre Mazarino y Alejandro tenía su
origen en las negociaciones que desembocaron en la Paz de Westfalia y que ambos vivieron desde
posiciones enfrentadas. La hostilidad mutua se vio incrementada durante
el cónclave que
elegiría a Alejandro y en el que Mazarino no ocultó su oposición a su elección,
aunque finalmente se vio obligado finalmente a aceptarlo como solución de
compromiso, aunque impidió que Luis XIV le enviase la usual embajada de
obediencia y pleitesía.
Posteriormente y, mientras duró su vida, frustró el
nombramiento de un embajador francés en Roma, haciendo que
los asuntos diplomáticos quedasen en manos de los cardenales, con frecuencia
enemigos personales del Papa.
La muerte de Mazarino no supuso una distensión de
las relaciones ya que aunque, en 1662, se nombró
embajador al Duque de Crèqui este
mantuvo una política igualmente hostil hacía Alejandro VII, provocando, debido
a su abuso del tradicional derecho de asilo otorgado a los recintos de las
embajadas en Roma, continuos conflictos con la Santa Sede que
alcanzaron su punto culminante a raíz de un insignificante tropiezo entre la
guardia corsa del papa y el servicio del duque.
Magnificado artificialmente provocó que Luis XIV tomara
represalias tan desproporcionadas como despojar temporalmente a la Santa Sede de sus
posesiones en Aviñón y
amenazar con una fulminante declaración de guerra. El conflicto se solucionó
cuando el pontífice, sufriendo una denigrante ofensa, firmó un incondicional
tratado de paz (Pisa, 1664).
miércoles, 14 de enero de 2015
Impulsor de las artes
Incapaz de centrar su atención en los asuntos de
estado, Alejandro VII se volcó en la literatura y
la filosofía siendo
el autor de una colección de sus poemas en latín que
fue publicada, en 1656,
en París bajo
el título de Philomathi Labores Juveniles.
Fomentó asimismo la arquitectura y
el embellecimiento general de Roma, donde se derribaron casas para realizar un nuevo trazado
de las calles romanas, convirtiéndose además en un gran mecenas,
especialmente de Bernini, a quien encargó la construcción de la bella columnata
de la plaza de la Basílica de San Pedro y confió obras
como la ornamentación de la iglesia de Santa María del Popolo, la Scala Regia (1666),
o la Cátedra de San Pedro en la basílica Vaticana entre otras.
Bernini fue el encargado, asimismo, de esculpir el sepulcro del papa a su
muerte.
Nepotismo
Inicialmente contrario al nepotismo, durante su primer año de su papado
prohibió a sus parientes incluso visitar Roma.
Sin embargo, durante el consistorio del 2 de abril de 1656,
anunció que su hermano y sus sobrinos acudirían a asistirle quedando a partir
de entonces en manos de sus parientes la administración eclesiástica. Esta
medida, que supuso un nuevo florecimiento del nepotismo, la complementó
proporcionando a los miembros de su familia que residían en su ciudad natal los
puestos civiles y eclesiásticos mejor pagados así como magníficos palacios y
haciendas.
Papado
Al morir Inocencio, Chigi, el
candidato preferido de España,
fue elegido papa después de ochenta días de cónclave, el 7 de abril de 1655.
Carrera eclesiástica
Bajo el pontificado de Urbano VIII inició
su carrera eclesiástica cuando en 1627 fue nombrado delegado papal en Ferrara y,
tras ser recomendado por dos cardenales, se le nombró inquisidor de Malta y nuncio en Colonia (1639-1651).
Aunque debería haber participado en las
negociaciones que condujeron en 1648 al Tratado de Westfalia, rechazó deliberar
con herejes y protestó, una vez concluidas las negociaciones, contra el
tratado, que puso fin a la Guerra de los Treinta Años y que
inauguró un equilibrio de poder en Europa que habría de durar hasta las guerras de la Revolución francesa.
El papa Inocencio X le
llamó a Roma nombrándole
cardenal en 1652 y
secretario de estado.
Orígenes y formación
Nacido como Fabio Chigi en el seno de una ilustre familia de banqueros era sobrino del papa Paulo V. Debido a los ataques cerebro vasculares que sufría recibió una educación privada para posteriormente, tras superar su enfermedad, doctorarse en filosofía, derecho y teología en la Universidad de Siena.
Papa Alejandro VII
Fabio Chigi nació en Siena el 13 de febrero de 1599; fue elegido [Papa] el 7 de
abril de 1655 y murió en Roma el 22 de mayo de 1667. Los Chigi de Siena estaban
entre las familias italianas más ilustre y poderosas. En la Roma de la era del
Renacimiento, un antepasado de Alejandro VII fue apodado como el
"Magnífico". Flavio Chigi, padre del futuro Papa era sobrino del Papa
Pablo V, le dio a su hijo una educación conveniente, aunque no tan floreciente
como la que tuvo su antepasado. Esto también se debió mucho a su madre, una
mujer de energía singular y habilidad en la formación del joven.
La
juventud de Fabio estuvo marcada por una prolongada mala salud a consecuencia
de un ataque de apoplejía de su infancia. Incapaz de asistir a la escuela,
primero fue enseñado por su madre y más adelante por hábiles y capacitados
tutores particulares, exhibiendo una notable precocidad y amor por la lectura.
A los 27 años se doctoró en filosofía, derecho y teología por la Universidad de
Siena, y en diciembre de 1626 comenzó su carrera eclesiástica en Roma. En 1627
Urbano VIII lo designó vicelegado de Ferrara, y sirvió cinco años a las órdenes
de los cardenales Sacchetti y Pallotta, con cuyos elogios obtuvo el importante
cargo de Inquisidor de Malta, junto con su consagración episcopal. En 1639 fue
promovido a la nunciatura de Colonia; y en 1644 fue hecho enviado
extraordinario de Inocencio X a la conferencia de Münster, donde enérgicamente
defendió los intereses papales durante las negociaciones que condujeron a la
paz de Westfalia en 1648. (Véase LA GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS.) Inocencio X lo
llamó a Roma en 1651 para ser su Secretario de Estado y en febrero de 1652 lo
hizo Cardenal.
En
el conclave de 1655, que fue famoso por su duración de ochenta días, y por el
conflicto de intereses partidistas y nacionales, el Cardenal Chigi fue elegido
Papa por unanimidad. La elección fue considerada providencial. Era un tiempo
donde a los clérigos eran forzados para entender las consecuencias deplorables,
morales y financieras del nepotismo. Se necesitaba un Papa que gobernara sin la
ayuda de sus parientes. Durante un año las esperanzas de la cristiandad
parecían ser comprendidas. Alejandro prohibió a sus parientes que vinieran a
Roma. Su propia santidad de vida, la severidad de las costumbres, y la aversión
al lujo hizo más resplandecientes sus virtudes y talentos. Pero en el
consistorio del 24 de abril de 1656, influenciado por quienes temían la
debilidad de una corte papal insostenida judicialmente por lazos de interés
familiar, se propuso traer a su hermano y sobrinos para asistirle. Su
advenimiento transformó marcadamente la forma de vida del pontífice. La
administración fue dejada en gran parte en manos de sus parientes, y los abusos
de nepotismo volvieron a agobiar pesadamente como siempre al papado. Los
esfuerzos de los Chigi por enriquecer a su familia fueron mirados por el Papa
con demasiada indulgencia; aunque en su vida fue siempre piadoso y devoto, así
se mantuvo alejado de tomar parte en los excesos de lujo-amor de sus sobrinos.
Su estado de carga se aligeró y de esta manera pasó mucho tiempo en
seguimientos literarios y en compañía de eruditos; pero a los amigos que
favoreció eran a quienes podía haber confiado para sus posibles mejores
consejeros.
El
pontificado de Alejandro VII fue ensombrecido por las dificultades continuas
con el joven y mal aconsejado Luis XIV de Francia, cuyos representantes fueron
una fuente de constantes molestias al Papa. El primer ministro francés,
Cardenal Mazarino, no había perdonado el legado que resueltamente se le opuso
en las conferencias de Münster y Osnabrück, o al secretario de estado papal que
resistió la actitud de su política anti-romana. Durante el cónclave había sido
implacablemente hostil a Chigi, pero al final fue obligado a aceptar su elección
como un compromiso. Sin embargo, evitó que Luis XIV enviara la usual embajada
de obediencia a Alejandro VII y, mientras vivió, obstaculizó el nombramiento de
un embajador francés ante Roma. Los asuntos diplomáticos eran llevados
entretanto por cardenales protectores, generalmente enemigos personales del
papa. En 1662 nombraron embajador al Duque de Crequi, igualmente hostil. Por su
arbitrario abuso con el derecho tradicional de asilo concedido a los recintos
diplomáticos de Roma, se inició una disputa entre Francia y el papado, que
dieron lugar a la pérdida temporal del Papa de Aviñón y a la aceptación por la
fuerza del humillante tratado de Pisa de 1664. (Véase LUIS XIV.) Animados por
estos triunfos, los Jansenistas franceses, que reconocían a Alejandro como un
viejo enemigo, se pusieron insolentemente aseverativos, declarando que las
proposiciones condenadas en 1653 no se encontraban en el "Augustinus"
de Cornelius Jansen. (Véase JANSENIUS.) Alejandro VII, como consejero de
Inocencio X había defendido vigorosamente la condena, y la confirmó en 1665 por
la Bula "Ad Sacram" declarando ser aplicada tanto a la obra antedicha
de Jansen como al mismo significado dado por él; también envió a Francia su
famoso "formulario", para ser firmado por todo el clero como medio de
descubrir y extirpar el Jansenismo.
Su
reinado ha sido memorable en los anales de la teología moral por la condenación
de varias proposiciones erróneas. El Cardenal Hergenröther (Kirchengesch. III,
414) elogió su moderación en las acaloradas controversias dogmáticas de la
época. Durante su reinado ocurrió la conversión de la reina Cristina de Suecia,
quien después de su abdicación, vino a vivir a Roma, en donde el día de Navidad
de 1655 la confirmó el Papa, en quien ella encontró a un generoso amigo y
benefactor.
Ayudó
a los Venecianos en combatir a los turcos que habían logrado establecerse en
Creta, obteniendo a cambio la restauración de los Jesuitas, desterrados de
Venecia desde el 1606. (Véase SARPI, VENECIA.) Las relaciones hostiles entre España
y Portugal ocasionadas por la independencia de ésta última (1640) fueron una
fuente de aflicciones graves para Alejandro, y para otros papas antes y después
él. Alejandro VII hizo mucho por embellecer Roma. Las casas fueron niveladas
para hacer las calles más rectas y las plazas más amplias, el Collegio romano,
las decoraciones de la iglesia de Santa Maria del Popolo, que fue iglesia
titular de más de uno de los cardenales Chigi, la Scala Regia, la cátedra de
San Pedro en la Basílica Vaticana y la gran columnata delante del edificio,
apuntan igualitariamente al genio de Bernini y de su munífico mecenas papal.
También fue mecenas de la ciencia ya que modernizó la Universidad romana,
conocida como Sapienza, y la enriqueció con una magnífica biblioteca. También
hizo extensas adiciones a la Biblioteca Vaticana. Su tumba, de Bernini, es uno
de los monumentos más hermosos de San Pedro.
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